Sobreviven cortadores de caña en albergues precarios y la informalidad laboral

Los cortadores de caña que viven en los albergues de los ingenios enfrentan a diario situaciones precarias y hacinamiento, además de malas condiciones laborales, ya que trabajan sin contrato, cumplen jornadas extendidas y reciben un pago a destajo, de acuerdo con el diagnóstico Condiciones de vida y trabajo de los cortadores de caña de azúcar y sus familias.

El documento, elaborado por la Unión Nacional de Cañeros de la Confederación Nacional de Propietarios Rurales (CNPR), analizó 53 albergues ubicados en 22 zonas cañeras de siete regiones del país.

La población de estos trabajadores está conformada, en su mayoría, por hombres, quienes representan 91 por ciento y tienen una edad promedio de 36 años. Se encuentran “en el analfabetismo funcional” y presentan un bajo nivel educativo: 21 por ciento no tiene ningún grado de escolaridad y la mayoría ha cursado apenas 5.7 años de escuela, es decir, no ha concluido la primaria.

Más de la mitad de estos trabajadores, 59.7 por ciento, son foráneos, mientras que 69 por ciento lleva varios años dedicándose al corte de caña, pues comenzó a laborar entre los 10 y 17 años.

En cuanto a las condiciones laborales, el estudio identifica “la total informalidad”, ya que los cortadores no cuentan con un contrato por escrito. Como consecuencia, los ingenios “no tienen un control completo de cómo está desarrollado el trabajo”.

El pago que reciben estos trabajadores es a destajo, es decir, se les remunera de acuerdo con la cantidad de caña cortada, ya sea en toneladas, metros, piezas, entre otras unidades. Esta condición los obliga a extender sus jornadas laborales, pues prefieren no descansar con tal de obtener mayores ingresos. Sin embargo, esta situación genera ritmos de trabajo peligrosos y un mayor desgaste físico que, por ende, reduce la productividad y la calidad.

Iluminación deficiente en los albergues
En materia de vivienda, casi todos los albergues cuentan con electricidad durante el día y la noche; sin embargo, 97.3 por ciento se encuentra en malas condiciones. Esto significa que la iluminación es deficiente dentro o fuera de los cuartos y en las áreas comunes, mientras las instalaciones eléctricas están catalogadas como riesgosas.

Lo mismo ocurre con el acceso al agua. Si bien 94.1 por ciento de los albergues cuenta con este servicio, en la mayoría de los casos no es entubada, por lo que los habitantes tienen que acarrearla desde cisternas y las condiciones de potabilidad no son óptimas.

El 16 por ciento presenta problemas de hacinamiento, debido a que los habitantes ocupan espacios reducidos, ya sea una familia o varios cortadores. Además, los cuartos no son utilizados únicamente como dormitorios, pues también funcionan como bodegas para almacenar las herramientas de trabajo. A ello se suma la presencia de estufas y tanques de gas, lo que incrementa los riesgos.

Entre las buenas prácticas identificadas para mejorar las condiciones de los cortadores en algunos albergues, y que pueden replicarse en otros, se encuentra la contratación de promotores que organicen a los habitantes para realizar labores de limpieza, mantenimiento y convivencia comunitaria. También se plantea brindar espacios para la recreación de los hijos de los trabajadores.