El papa Francisco experimentó una mejoría en su estado de salud tras sufrir dos crisis respiratorias, además de que pasó la noche tranquila este martes, según informó el Vaticano.
El pontífice de 88 años, quien padece una enfermedad pulmonar crónica y tuvo parte de un pulmón removido en su juventud, logró estabilizarse lo suficiente para cambiar la ventilación mecánica por un tubo nasal de oxígeno.
El lunes, los médicos realizaron dos broncoscopias para extraer secreciones abundantes de sus pulmones, lo que permitió la reanudación de la ventilación mecánica no invasiva.
Sin embargo, la mañana del martes, el Vaticano informó que Francisco ya no necesitaba la máscara de ventilación, aunque sigue recibiendo oxígeno suplementario. A pesar de esta leve mejoría, su estado de salud sigue siendo reservado.
De acuerdo con la agencia Associated Press, la situación del papa ha sido fluctuante. Su equipo médico no ha dado una actualización en persona desde el 21 de febrero, lo que indica la incertidumbre sobre su recuperación.
Además, expertos en neumología consideran preocupante la necesidad de extracción manual de secreciones, ya que sugiere una reducción en su capacidad para expulsarlas por sí mismo.
El deterioro en la salud del papa ocurre en un momento de apuro para la Iglesia Católica, con la Cuaresma y la proximidad de la Semana Santa.
Debido a su condición, se designó a un cardenal para presidir el Miércoles de Ceniza en su lugar. Asimismo, el retiro espiritual programado para este fin de semana en la Santa Sede se llevará a cabo sin su presencia física, aunque el Vaticano señaló que el papa participará en “comunión espiritual”.
En cuanto al tratamiento, Francisco ha estado recibiendo fisioterapia respiratoria para fortalecer su función pulmonar. La acumulación de secreciones es común en personas con movilidad reducida y menor capacidad para toser con fuerza.
Según el doctor John Coleman, especialista en cuidados críticos pulmonares, el uso de broncoscopias indica un nivel crítico de mucosidad en los pulmones.