BERLÍN.

La Academia Sueca tiene finalmente el discurso de Bob Dylan de recepción del Premio Nobel de Literatura, un relato «extraordinario» y «como era de esperar, elocuente», en el que el cantautor estadunidense habla de sus influencias y recuerda que las canciones han sido creadas para ser cantadas, no leídas.

Nuestras canciones están vivas en el mundo de los vivos. Pero las canciones son distintas a la literatura. Están hechas para ser cantadas, no leídas. Las palabras de las obras de Shakespeare estaban para ser actuadas sobre el escenario, de la misma manera que las letras de las canciones están para ser cantadas, no leídas de un papel», afirma el músico en su discurso.

El pasado 1 de abril, casi cuatro meses después de la ceremonia oficial de entrega de los premios, a la que Dylan no asistió, el músico recibió en Estocolmo el diploma y la medalla del Nobel de Literatura.

Dejó entonces pendiente la entrega del discurso de recepción del galardón, requisito necesario para poder cobrar los ocho millones de coronas (900 mil dólares) con que está dotado.

El cantautor se remonta «al inicio de todo», a la música de Buddy Holly, al que sólo vio en persona una vez y con el que se sintió «identificado» desde la primera vez que lo oyó.

Uno días después de morir Buddy Holly, cuando Dylan tenía 18 años, un desconocido le regaló un disco de Leadbelly con la canción Cottonfields que cambió su vida y le transportó a un mundo que no conocía, «como si hubiera estado caminando en la oscuridad y de repente esa oscuridad se hubiera iluminado», explica.

Ese disco le llevó a escuchar a otros músicos y a aprender a tocar sus canciones.

«Escuchando a todos estos primeros artistas de folk y cantando tú mismo sus canciones, acabas captando la lengua vernácula, la interiorizas», explica Dylan, que agrega que cuando empezó a escribir sus propios temas, esta «jerga del folk era el único vocabulario que conocía», y lo usó.

Pero también estaban los libros que le hacían leer en el colegio -Don Quijote, Ivanhoe, Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver oHistoria de dos ciudades- que lo que aportaban a sus lectores era «una manera de ver la vida, una comprensión de la naturaleza humana y unos estándares para medir las cosas», afirma.

 

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